¡Mami no me lo apague!
…!Como que no¡ deje la bulla mas bien que quiero escuchar las noticias, no ve lo que pasó en New York…
No, yo ni se donde queda eso…
Esa era la conversación que sostenía una ama de casa con su hija de 10 años mientras le apagaba el equipo para prender el televisor y poder saber todo lo que había sucedido cuando se desplomaron las torres gemelas en New York. La niña no sabia qué había pasado y tampoco mostraba interés en saberlo, pues ese día solo quería ensayar la coreografía de un baile que haría en una presentación de la escuela y, por supuesto no quería hacer el ridículo enfrente de todos sus compañeritos.
Ella llevaba días preparándose, pero en esa fecha, 11 de septiembre del 2001, debía ensayar más que nunca porque había invitado a unas amiguitas a su casa para que la vieran bailar y le dijeran qué pasos podía agregar en el baile, pero gracias a su madre, o bueno, a lo que pasó en ese otro país, ella no podría ensayar y eso le molestaba muchísimo. La niña decidió encerrarse en su cuarto a llorar llena de rabia e impotencia, y mientras ella estaba triste en su habitación, su madre sentada en un sofá de la sala se encontraba igual pero al contrario de su hija su motivo no era algo que la afectara directamente, su madre solo pensaba en el sufrimiento de esas personas que lo habían perdido todo, incluyendo a sus familiares.
Después de unas horas la pequeña decidió salir de su habitación, pero en la sala frente al televisor se encontró con algo que no esperaba, a su madre hecha un mar de lágrimas. Ella no comprendía por qué, solo la miraba llorar, de repente giró su mirada en la misma dirección de la de su madre y vio a muchas personas cubiertas de ceniza, llorando, temblando… y otras tantas debajo de escombros pidiendo ayuda, suplicando que no los dejaran morir, y en ese momento entendió por qué su mamá estaba así y sin darse cuenta, de sus ojos habían empezado a brotar unas gotas de agua salada. Sus lágrimas ya no eran por no poder practicar su baile, sino por haberse dado cuenta tan tarde de que en ese momento habían otras personas que si tenían motivos de peso para llorar, pero ese no era el único motivo, también sentía nostalgia por no poder estar con esas almas que estaban sufriendo tanto; quería abrazarlos y decirles que todo estaría bien, pero no podía, solo podía abrazar a su madre y pedirle perdón por haber sido tan insensible, por haber pensado solo en ella…
Sindy Yurley Ortiz Echavarria.





